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Sorpresa para los sentidos (La vanguardia)

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Sorpresa para los sentidos (La vanguardia)

Sorpresa para los sentidos 

Sorpresa para los sentidos

El tesoro de Baztán

Dolores Redondo Meira (Donostia, San Sebastián, 1969) encontró en el valle navarro de Baztán y su capital, Elizondo, un tesoro excepcional.

El restaurante Santxotena, en la calle Pedro Axular, es uno de mis favoritos en Elizondo y junto a Galarza, en la calle Santiago, son a menudo elegidos por los protagonistas de mis novelas para cenar. De Santxotena resaltaría que se trata de un local de carácter matriarcal. Una cocina impoluta y abierta al comedor donde varias generaciones de mujeres impecablemente vestidas de blanco y negro atienden a los comensales con una mezcla de estilo victoriano y tradición baztanesa. El solomillo con hongos, el salpicón de marisco o la merluza con almejas son mis favoritos.

Me resulta muy difícil describir la mezcla de belleza y potencia natural de Xorroxin, el nacedero del río Baztán, un paraje propio de lamias y genios, sobrecogedor para el alma, que se rinde en este espacio vaciándose de vulgaridad y rindiéndose al hechizante encanto de Baztán.

El hostal Antxitonea está en el barrio más bonito de Elizondo, Txokoto, y justo tras pasar el puente Muniartea. Es el lugar donde suelo alojarme cuando voy a Baztán, ya cuento hasta con mi propia habitación. Un lugar cómodo y acogedor, con marcado estilo rural y el extra de ser el trinquete de Elizondo, un magnífico frontón de cuatro paredes, donde a diario se juega pelota vasca en sus distintas modalidades.

El txantxigorri, o txatxingorri, es una torta dulce elaborada al estilo tradicional con harina, azúcar huevos, manteca y chicharrones fritos. En mi novela El guardián invisible, el asesino las dejaba como firma en el escenario del crimen. La curiosidad es que, desde hace un tiempo, esta torta ya no se elaboraba y ahora, tras el éxito de la novela, vuelve a estar disponible en las confiterías de Elizondo.

Toda la comarca es famosa por su tradición chocolatera, pero sin duda me quedo con el urrakin egiña, el chocolate con avellanas enteras de la pastelería Malkorra, otro de los escenarios de mis novelas.

El territorio de Basajaun (el señor del bosque) es sin duda Infernuko errota (El molino del infierno), un molino que se utilizaba tras la guerra para moler clandestinamente y al que se llega tras recorrer un estrecho sendero que bordea el río en el recorrido más idílico y bucólico que el paseante pueda imaginar. Los árboles majestuosos vestidos de musgo y liquen casi besan el agua cristalina que se detiene en numerosos remansos cubiertos por un dosel verde que sólo es posible en el valle de Baztán.

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